LOS SIETE JEFES

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Para comprender lo que significa la primera revolución criolla, hemos elegido este poema, escrito por Mateo Booz, que refleja en forma literaria y poética todo lo ocurrido, haciéndonos vivirlo con notable crudeza y realidad.

Por Mateo Booz
 
Ahora en la casa de Leiva
traman un levantamiento
para quitar a los godos
sus prebendas y sus puestos
y a los hijos del país
otorgarles el gobierno.
Disponen para una empresa
tan erizada de riesgos,
de la ayuda poderosa
de Don Gonzalo de Abrego,
caudillo de Tucumán
y Santiago del Estero,
que quiere alcanzar los ríos
que caminan al océano.

Agua abajo se ha ido
Juan de Garay, tras el sueño
de fundar a Buenos Aires,
nuevamente, en el terreno
donde sucumbió Mendoza
por el hambre y los asedios.
Ausente el Gobernador,
es oportuno el momento
para que los siete mozos
den realidad a  su proyecto.
Que sean los argentinos
amos, señores y dueños
de su suerte y de la tierra
donde viven y nacieron.

Duermen los santafesinos
en toscos catres de tientos,
y ateridos se arrebujan
en los abrigos chilenos.
¡Los padres de una progenie
inagotable de nietos!
El vecindario descansa
confiado; vela su sueño
un rondín de gente armada
que, con perfil de muñecos,
atalaya contra el indio
por cima del parapeto.
Y cuando la luna saca
entre los cirros sus cuernos,
derraman los centinelas
manchas de tinta en el suelo.

Siete bultos cautelosos,
siete sombras en acecho,
se deslizan por la arena,
debajo de  los aleros.
En cada puño un estoque
y el coraje en cada pecho,
mientras las bocas mascullan
imprecaciones y credos.

El bando de la victoria
lo pregona el pregonero,
y alborozadas cornetas
alegran el campamento.
Culebrinas y mosquetes
aturden con sus estruendos,
y rebate el sacristán
las campanas del convento,
y azorados por la bulla
cambian los patos su vuelo.

Es Santa Fe patria libre
de déspotas y de regulos
para los santafesinos
actuales y venideros.
¡Santa Fe tiene siete años
y de su destino es dueño!
Ante su marcha precoz
ábrense claros senderos.
El júbilo que despierta
tan magnífico suceso,
bulle en la plaza y la calle
y en el corazón del pueblo.

Isabel de Leiva mira,
con una arruga en el ceño,
y asombrecido el semblante
ese holgar ardiente e ingenuo
de los hijos de la tierra.
¡No es miedosa y tiene miedo!

Y armados los chapetones
-cascos de turbios reflejos,
talabartes de metal,
rudas espuelas de hierro-
se congregaron en la plaza,
y junto al rollo, en el centro,
prometen sobre u misal
matar a los insurrectos
que undía de Corpus Christi
Se adueñaron del gobierno
contra las leyes de Dios
y del príncipe supremo.
Gritan: “¡Viva el Rey Felipe!
¡Matemos a los perversos!”
Y da su voz a esas voces
el Gobernador Arévalo,
que en esa ocasión entrega
a sus leales compañeros,
a las venganzas odiosas
y a la Justicia del Reino.
¡Malhaya el hombre alevoso
que, por ambición o miedo,
traiciona a los cojurados
y a su honor de caballero!
 
Antonio de Leiva duerme
en la paz del aposento.
Está Isabel a su lado
y está un Cristo en el testero,
Cristo de la Vera Cruz
que agrandó el nombre del pueblo
Y cuelga de la pared
la capa de terciopelo
que a Leiva, desde Santiago,
mandó Gonzalo de Abrego.
Palpita el tórax del hombre
con un pausado resuello;
y asoma un pie de mujer,
sonrosado, entre los lienzos.
Y de pronto y en tumulto
violan el dulce sosiego
ruidos de botas y espuelas
y gritos y juramentos.

Un remolino de bultos
y centelleantes aceros
gira en las sombras violetas
del naciente día funesto.
Y un mandoble de tizona
le rasga al doncel el cuello,
y diez puñales traidores
hacen vainas en su cuerpo.

Isabel de Leiva, viuda,
tiene en su regazo al muerto,
y con esa sangre criolla
de tornasoles bermejos
y ácido sabor de herrumbre,
moja su boca y sus dedos.
Quien esa mañana era
mozo idealista y esbelto,
es en la misma mañana
un yacente mudo y yerto,
con escarcha en las pupilas
y con escarcha en los huesos.

Los ojos encandecidos
y aborrascado el cabello
y como troncos hundidas
ambas manos sobre el pecho,
Isabel clama patética
su pavor y desconsuelo.
Desgarradas las raíces
del corazón y el cerebro,
hasta terminar sus años
andará como un espectro,
frías cenizas la cara,
tinieblas el pensamiento.
Y piedad para aquel mártir
creyente, patriota y bueno
pide al Cristo contorcido
que padece en el madero.

Y ese amanecer sucumben
cindo de aquellos mancebos
inmolados por las turbas
en sus camas, indefensos.
Y para que los mestizos
reciban lección y ejemplo,
ordena ese mismo día
el felón y cruel Arévalo
hacer cuartos los cadáveres
y desparramar sus miembros
al borde de los caminos
con infamantes letreros.
Horror para los pasantes
y festín para los cuervos.

Los otros dos cabecillas
del histórico alzamiento
contra la Corona Real
y contra los extranjeros,
huyen a Santiago en busca
de la protección de Abrego.
Pero a éste lo tiene Lerma
en la redes de un proceso
acusado de traidor
a su Rey y a sus decretos.
Y allá los prófugos hallan
el cadalso y el tormento.

Siete jefes inmortales,
patriotas, bravos, quiméricos.
Amaron a Santa Fe
y por Santa Fe murieron.
Laureles para la sien
de esos próceres: Romero,
Villalta, Mosquera, Ruíz,
Leiva, Venialbo y Gallegos.

 
SAN GERONIMO

Según en documento fechado el 24 de octubre de 1617, y conservado en el Archivo General, ilustra sobre el origen del patrono de la ciudad; el texto dice: “Por suerte salió por patrono de ella el bienaventurado San Gerónimo”.
Se le destinó un lugar de culto en la Iglesia Matriz, que aún hoy se conserva, y en la que se puede observar una imagen del santo en actitud penitente.
En aquellos primeros años de nuestra ciudad, los festejos al patrono se convertían en una verdadera celebración popular que convocaba a todo el vecindario a la plaza Mayor en la que, luego de pasearse la imagen, se efectuaban corridas de toros y juegos de cañas. Con el correr del tiempo se prohibieron estos juegos por las peleas y accidentes que solían suscitarse.
Año tras año fue ocurriendo lo mismo con distntas modalidades que daban marco al festejo originario, hasta que en nuestros días sólo que redujo a la evocación de su nombre y el feriado del día 30 de setiembre.

EL PRIMER MAESTRO DEL RIO DE LA PLATA

Santa Fe tuvo el primer maestro del Río de La Plata fue Pedro de Vega. El 13 de Mayo de 1577 el Cabildo de Santa Fe prohíbe salir de la ciudad a Don Pedro de Vega, porque según el acta: la ciudad quedaría sin la única persona que enseña a leer y escribir y además la doctrina cristiana a los niños de corta edad.

GOBIERNO DE LOS “21 DÍAS”

 
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Mariano Candioti
 
En julio de 1893 existía un clima de revolución en todo el país.  Los radicales, encabezados por Roca, Mitre y Pellegrini se oponían a la política del acuerdo y preparaban una rebelión nacional.
Para fines de julio se producen las primeras insurrecciones en la provincia de Santa Fe. En la localidad de Esperanza, una junta radical formada por Martín Rodríguez Galisteo, Carlos Gómez, Manuel Cervera, Mariano Candioti, Demetrio Iturraspe y otros dirigentes, destituyen a las autoridades locales y asumen el poder. También en la ciudad de Rosario se sublevan encabezados por Lisandro de la Torre, Leandro N. Alem, Fermín Lejarza y Agustín Landó.
La Junta Revolucionaria del Norte comienza su avance hacia la ciudad de Santa Fe, apoyados por los colonos suizos que eran conocidos por su excelente puntería. Inmediatamente el Gobernador Cafferata presenta su renuncia y asume José Elías por ser el Vicegobernador. El 31 de Julio Elías no puede retener el avance revolucionario y entrega el poder a una junta integrada por Mariano Comas (Presidente del Senado) y Bernardo e Ignacio Crespo (políticos de la oposición).
Una vez quebrantadas las fuerzas oficiales, la Junta Revolucionaria nombra al Dr. Mariano Candioti Gobernador y al Dr. Agustín Landó como vice; éste fue el primer gobierno radical de la provincia.
La disolución de los poderes Legislativo y Judicial estuvieron entre sus primeras medidas, junto a la cesantía de los empleados que no estaban de acuerdo con su política.
Pero en el ámbito nacional era relevado del cargo de Ministro del Interior, Aristóbulo del Valle, quien en forma indirecta apoyaba las sublevaciones radicales. Y rápidamente asume al frente del Ministerio el Dr. Carlos Pellegrini, que envía al Congreso de la Nación la intervención a nuestra provincia, nombrando para esa función al Dr. Baldomero Llerena.
El 24 de agosto de 1893, el gobierno de los 21 días llegó a su fin y la provincia quedó, nuevamente, bajo la  hegemonía de Luciano Leiva.
Los radicales se exiliaron y continuaron insurreccionándose en todo el país, acatando su propio lema: “Revolución y abstención”.

HISTORIA DE LA POLICIA PROVINCIAL

 
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Luciano Leiva
 
El primer cargo policial institucional en la provincia de Santa Fe, fue ocupado por Bernabé de Luxán, con el título de Aguacil Mayor, según consta en las Actas del Cabildo de Santa Fe.
Tras la revolución de 1810, nuestro Cabildo perdió representatividad y por ello, en 1833, se dictó un Reglamento con el fin de corregir la administración interna de la provincia. Así se suplantó en las figuras de un Juez de 1° Instancia en lo Civil y Comercial, un Defensor de Pobres y Menores, un Juez de Paz para los Cuarteles y un Juez o Jefe de Policía, las funciones que antes detentaba aquella Institución.
Con la llegada de los inmigrantes el panorama provincial fue expandiéndose y fue necesario crear ordenanzas abarcativas. El 31 de Agosto de 1964 se pone en vigencia el Reglamento de Policía Urbana y Rural, se creó el cargo de Jefe de Policía en la ciudad Capital, de un Oficial Primero para la Ciudad de Rosario, Jueces de Paz para cada uno de los cuatro departamentos (cabe recordar que la división política de la provincia estaba representada por los departamentos: La Capital, Rosario, San Gerónimo y San José), Comisarios para los cuarteles de la ciudad y para los de campaña.
En 1972, el Gobernador Sánchez Almeyra, decreta que el 31 de Agosto se instituya como Día de la Policía de la Provincia en homenaje a aquel Reglamento de 1964.
Con el correr de los años son necesarios los cambios estructurales en la organización policial, por ello en 1972 se promulga la “Ley Orgánica para la Policía de la Provincia”; y más tarde, en pos de ejercer un mejor control se crean las 19 Unidades Regionales, bajo la dirección de la Jefatura de Policía de la Provincia con asiento en la Capital .

LA REVOLUCION DE 1878

 
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Servando Bayo.

 
En 1878 Iriondo se radica nuevamente en Santa Fe, luego de ser titular del Ministerio del Interior en la presidencia de Avellaneda.
Servando Bayo terminaba su período constitucional, como Gobernador provincial, el 7 de abril de 1878. Con este motivo se diseñó la candidatura del Dr. Iriondo, que era apoyada por el Gobernador y disponía de poderosos elementos, reconcentrados en la agrupación conocida como Club del Pueblo.
El partido liberal, fuerte por su número, y teniendo por base al pueblo de la provincia, se agitaba a su vez, y el 27 de Octubre de 1877 celebraba en el Teatro Argentino (Lisandro de la Torre entre San Martín y 25 de Mayo) una gran asamblea, proclamando la política de “la Conciliación”, sosteniendo frente a la candidatura de Iriondo la del señor Ignacio Crespo.
Todas las esperanzas de una elección libre desaparecieron cuando el Presidente Avellaneda envió a un Comisionado a presenciar el comicio; y éste declaró a quien quiso oírlo que era de necesidad el que el Dr. Iriondo fuese Gobernador de la provincia.
 
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Foto del Club Conciliación, opositor a la política del Dr. Simón de Iriondo, y que contaba con el apoyo de Luciano Leiva. Entre ellos: Ramón Lassaga, José M. Echagüe y Ramón Candioti. Sostuvieron en 1878 la candidatura para Gobernador de D. Ignacio Crespo.
 
Llegó el día de la elección, y si la candidatura del Dr. Iriondo triunfó en los comicios del 7 de febrero de 1878, la revolución como protesta armada se imponía como un recurso de desesperación de una parte del pueblo que se sentía engañado, que veía sus derechos violados, escarnecidas las instituciones y los principios conculcados.
 
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Simón de Iriondo

 
“El movimiento subversivo estalló a los pocos días de recibirse el Doctor Iriondo del Gobierno de la Provincia. Este acto se efectuó el 7 de abril de 1878 y no se notaba el entusiasmo que despiertan en épocas normales actos de esa naturaleza.”
“Decidido el alzamiento la Junta Revolucionaria designó para el estallido la noche del domingo 14 de abril. Serían poco más de las 8 cuando el estampido de tres cohetes disparados en la parte norte de la ciudad anunció la hora señalada; casi simultáneamente se oyeron descargas en varias partes, y pronto fue un infierno de fuego el que se oyó en toda la ciudad.”
El Doctor Iriondo había sido avisado poco antes de estallar y desprendió varias partidas del Batallón 7 de Abril, para que recorriesen las calles de la población. Una de esas partidas, al mando del Alférez Astudillo encontró el primer grupo revolucionario casi en la esquina de las calles San Gerónimo y Moreno, Trabándose en combate inmediatamente, mientras grupos de ciudadanos armados atacaban a su vez la Policía, la Aduana y las Comisarías de sección.”
“En el primer encuentro ya había caído con la pierna rota de un balazo Ignacio Iturraspe. Mientras tanto era asaltada la casa del Dr. Iriondo, frente a la Plaza de la Casa de Gobierno (calle Gral. López), logrando éste, Don Servando Bayo y varios amigos escaparse por el portón de hierro de la Iglesia Matriz (Gral. López y San Gerónimo), guareciéndose en una de las torres.”
La primera partida de revolucionarios que penetró en la plaza procedía del cantón concentrado en La Chinesca, residencia de Mariano Cabal. Su objetivo era apoderarse de la Jefatura de Policía en calle 3 de febrero y San Martín, junto al Cabildo. El grupo estaba compuesto por unos 50 hombres, armados con Remington, quienes comenzaron el asalto, a pesar del recio tiroteo que se les hacía desde el edificio, defendido por Mariano Echagüe, jefe de policía, el comandante Machado y el mayor Ceferino Méndez.
Poco a poco, a pesar del ímpetu de los rebeldes, el gobierno va consolidando sus posiciones. El Poder Ejecutivo de la Nación, por orden de Avellaneda, se apresta a intervenir con sus fuerzas. Mientras tanto, centenares de revolucionarios son apresados y remitidos a la Aduana.
Ante el vuelco inesperado de los acontecimientos, Luciano Leiva, Francisco Iturraspe, Laurentino Candioti y otros jóvenes, convertidos en jefes del movimiento subversivo, emprenden la retirada hacia el norte.
Puesta en marcha la persecución de los insurgentes, los mismos son alcanzados al norte de la provincia, siendo derrotados por las tropas del gobierno en el lugar denominado Las Higueritas.

“A pesar de la revolución sangrienta que se le había hecho, Iriondo no tomó medida alguna contra los revoltosos, algunos de los cuales fueron apresados, para ser liberados enseguida. Perdonó y olvidó las ofensas. Yo he sido uno de ellos -dice Lassaga- a pesar de haberlo combatido con pasión.”

Fragmentos del libro de Ramón Lassaga.
Investigación de José Rafael López Rosas.


LA CASA DE LOS CUERVOS

Basada en la Revolución de 1878.

 
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1907 – G. Martínez Zuviría, tras obtener su título de abogado.  
A mediados del siglo pasado, cercana al arroyo Leyes, se construyó una enorme casona de techo de tejas circundada por grandes árboles. Pasados los años Don Sebastián Puig y de la Torre compra la casona para descansar junto a su familia. En aquella época se conocía el lugar con el nombre de Rincón de Mota.
A la muerte de Sebastián Puig, uno de sus hijos compra la estancia a sus hermanos y la bautiza “El Tránsito”, viviendo allí con su familia hasta que la muerte lo sorprende en 1919.
En el año 1889 Gustavo Martínez Zuviría llega a Santa Fe, junto a sus padres, con apenas 6 años de edad. Para su instrucción en la ciudad, es enviado a los claustros jesuíticos, y una vez concluidos se aboca al estudio de las leyes, en la Universidad de Santa Fe.
Pero su orientación literaria era más fuerte y pasaba el tiempo en la sala de redacción de “Nueva Epoca”, donde publicó sus primeras líneas. Cabe destacar que en 1902 ya había publicado “Alegre” y dos años después “Rimas de amor”, su primer libro de versos, con el seudónimo de Hugo Wast. Mientras ejerce como profesor en la Fac. de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad, publica “Flor de durazno” (1911) y “Fuente sellada” (1914).
La idea de Martínez Zuviría de escribir una novela donde se viera reflejada la historia de la provincia y sus luchas políticas intestinas, surge después de su casamiento con Matilde de Iriondo, hija de Agustín Iriondo y Vicenta  Iturraspe.
La vinculación con estas dos familias le permite impregnarse de las historias vinculadas a nuestro pasado, y a tantos alzamientos y revoluciones, en donde el destino hizo que los Iriondo y los Iturraspe estuvieran comúnmente en bandos opuestos.
Gustavo Martínez Zuviría había visitado la casona junto al arroyo Leyes y decidió darle un gran lugar en su novela, que se basaba en los hechos previos a la revolución contra el gobierno de Servando Bayo en 1878, y en abierta manifestación a la política del Dr. Simón de Iriondo, máximo caudillo del partido autonomista de nuestra provincia.
El título de la novela, “La casa de los Cuervos” se le atribuye a que en la estancia “El Tránsito”, junto a los grandes eucaliptos, revoloteaban diariamente tres cuervos.
En 1941, Argentina Sono Film llevó al cine esta historia con grandes estrellas, como por ejemplo: Silvia Legrand, hermana de Mirta.
Zuviría había nacido el 23-10-1883, y murió el 23-03-1962, en Buenos Aires.

LA EPOCA DEL TRANVIA

En 1889 eran tres las empresas que “competían”: “La Tranway Progreso de Santa Fe”, la empresa “Ciudad de Santa Fe”, y una tercera que, con destino al Matadero Municipal, privilegiaba el transporte de carga.

 
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Así se viajaba, en algunas oportunidades, en los tranvías de Santa Fe. Gentileza Archivo“Diario El Litoral”.

 

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El 13 de junio de 1884, siendo Gobernador el Dr. Manuel María Zavalla, e Intendente municipal el Dr. Néstor de Iriondo, se sanciona en el Consejo Deliberante de Santa Fe un proyecto para la instalación de un tranvía propulsado a sangre, sistema Decauville, de 0,75 mts. de trocha, con rieles y durmientes de acero.
La primer etapa planeaba un recorrido que se iniciaba en la hoy esquina de Rivadavia y 1° Junta (actual Seccional 1° de Policía), que por aquellos años era el puerto; de allí continuaría por 23 de Diciembre (hoy Av. Gral. López), hasta llegar al Cuartel de la Aduana (actual Plaza de la Legislatura, Gral. López y 4 de Enero).
 
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1914 – Inauguración del sistema eléctrico. Al centro el Dr. Menchaca (Gobernador) y Miguel Parpal (Intendente).
 

El 9 de Mayo de 1885, el Intendente Mariano Comas, inaugura el nuevo servicio de transporte. Ese día la “jardinera” iba tirada por dos fuertes caballos. Toda la ciudad se vuelca a las veredas, balcones y azoteas; aplauden y vivan, al tiempo que se acercan a ese vehículo extraño para tocarlo y salir de su asombro.
 
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Una de las líneas de tranvías circulando por la zona céntrica de nuestra ciudad.
 

Pero al poco tiempo de la iniciación de las actividades se presentan varios reclamos por el ruido que los coches hacían sobre los rieles de acero y la corneta de los mayorales; molestando la sagrada siesta ciudadana. Debido a las quejas de muchas damas, el municipio tuvo que dar marcha atrás a una ordenanza que pretendía impedir que los coches tranviarios se detuvieran en cada casa y esperar a las señoras, si aún no habían concluido de arreglar se vestimenta. También hubo problemas de circulación, ya que era común ver descarrilada la “jardinera”, como se la llamada habitualmente, en una curva. Entonces los pasajeros debían reubicar el coche en las vías para continuar viaje. Pero la sociedad continuaba su avance vertiginoso y en 1910 la Municipalidad aprueba la propuesta para la construcción de una red de tranvías de tracción eléctrica; y otro hecho histórico es la instalación de una usina para proveer de luz eléctrica y fuerza motriz a las casas y particulares.
 
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30 de Abril de 1961 – al centro, Luciano Sartori, conduciendo el último tranvía. Gentileza Flia. Sartori. 
 
Y el 25 de Marzo de 1914 se habilita a las 17 hs, y con la presencia del Gobernador Menchaca y el Intendente Miguel Parpal (ambos de tracción radical), el nuevo sistema de transporte eléctrico. Cuentan las crónicas de ese día que la expectativa fue muchísimo mayor que cuando aparecieron los caballos tirando los primeros tranvías.
La electricidad era un misterio y la novedad hizo que la algarabía fuera tal que esa noche hubo desde repique de campanas hasta fuegos de artificio.
El primer conductor fue Luciano Sartori, tenía 23 años; y también fue invitado a ser el último, el 30 de abril de 1961, cuando a las 23.27 con sus 70 años, ingresaba en la Estación Progreso (San Martín y Cándido Pujato), después de 47 años de servir a Santa Fe, al último tranvía.
Como hechos para destacar citemos que, recién en 1937, se incorpora un horario nocturno que se extendía entre la 1 y las 4 de la mañana. Un año después se agrega al servicio de tranvías una nueva forma de transporte urbano: “el ómnibus”.
 
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Colectivos de las líneas G y B en 1940 
Fue justamente el servicio de ómnibus el que reemplazó totalmente a los tranvías desde el 1° de mayo de 1961.

LOS TRANVIAS

DATOS IMPORTANTES

 
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1945 – Itinerario de las líneas de tranvías. 
 
Velocidad máxima: entre 50 y 60 kilómetros por hora. Aunque nunca superaban los 30 Km/h. por las permanentes paradas.
Trole: Lo que le suministraba a los tranvías los 380 voltios de electricidad para funcionar.
Pasajeros: 32 pasajeros sentados cómodamente, aunque en ocasiones llevaban gente hasta en los techos y colgados de las ventanillas (horas pico o salidas de la cancha) y viajaban 120 pasajeros.
Descenso: La puerta delantera era para descender.
Ascenso: Se realizaba por la puerta trasera donde se encontraba el guarda, encargado de cobrar.
Guarda: cobra al ingreso o lo hacía recorriendo asiento por asiento. Con los cambios de guarda, éste volvía a chequear todo el pasaje.
Motorman: Iba en la plataforma delantera conduciendo el coche. Al concluir el recorrido se iba al otro extremo, mientras movía los respaldos de los asientos, llevaba la palanca de contacto y giraba el trole, para retomar por el mismo camino.
 
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Foto izquierda: Hermenegildo Cerelli conocido “Motorman”, gentileza Angela de Volta y Luis Martorino. Foto derecha: gentileza Mary Tévez, jefa de archivo Diario El Litoral.
 
El Sr. Eduardo Moreira nos acercó algunos datos: con diez centavos se podía comprar un diario, un alfajor, un boleto de transporte urbano con el viaje incluido (aquí en Santa Fe había un boleto a quince centavos -ida y vuelta- que permitía dos viajes), el franqueo de dos cartas simples (entre 1932 – 35 más o menos la simple costaba diez centavos). Se pagaba también entre un tercio y un medio de un completo,  compuesto  de café con leche, medias lunas, manteca y dulce; entre 400 y 500 gramos de uvas o de peras Williams. Un helado de dos gustos traído a la puerta de casa por un carrito o triciclo, valía cinco centavos, al que le seguía un cono mayor cantidad a diez centavos. un liso valía entre veinte y veinticinco centavos.
 
EL ULTIMO VIAJE DEL TRANVÍA (1961)
 
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Artículo del diario “El Litoral”, del 30 de abril de 1961.
 
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Accidente ocurrido entre un colectivo de la Línea S, con un tranvía de la Línea 3.
 
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Diario “El Orden” – 10 de Abril de 1939.