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LA MUDANZA DE LA CIUDAD

1573: De "Santa Fe la Vieja" a "Santa Fe de la Vera Cruz" – 1650-1660

    El 21 de abril de 1649 Juan Gómez Recio, procurador de la ciudad, presentó ante las autoridades del Cabildo de Santa Fe una solicitud en la que  -dice el acta levantada en esa fecha-: pide mude sitio la población en conformidad de lo asentado en su fundación.
    Por la importancia del petitorio se infiere que el procurador no respondía a una iniciativa personal y aislada sino que era el portavoz de una inquietud largamente deliberada entre los santafesinos.
    Las opiniones de la necesidad  y conveniencia de trasladar la ciudad a un nuevo asentamiento habrán dividido a los vecinos, aunque esto hubiera sido previsto por Juan de Garay en el acta de fundación:
… asiéntola  y puéblola con aditamento que todas las veces que pareciere o se hallare otro asiento más conveniente y provechoso para la perpetuidad, lo pueda hacer, con acuerdo y parecer del Cabildo y Justicia que en esta ciudad hubiere, como pareciere que al servicio de Dios y de Su Majestad más convenga.
    A ochenta años de la fundación, varias generaciones de pobladores habían logrado estabilizar la presencia española en la margen derecha del Paraná, y también habían construido el espacio de la ciudad y ordenado el territorio de su jurisdicción, al menos dentro de unas precarias fronteras que les costaba defender.
    Durante décadas las familias habían levantado sus viviendas, que con el paso del tiempo alcanzaron cierta solidez y holgura. Los vecinos habían edificado el Cabildo para las reuniones del cuerpo capitular y calabozos para encerrar a los que delinquían. El clero regular y las órdenes religiosas, con los esforzados aportes del vecindario, habían construido seis iglesias en las que se celebraban los cultos religiosos y donde los santafesinos enterraban a sus muertos.
    Las tierras de los alrededores, distribuidas en chacras, habían sido afanosamente convertidas en tierras de pan llevar, de las que obtenían el trigo que se molía en atahonas rurales o urbanas para abastecer de harina a la población. Un poco más lejos, con centro en la misma ciudad, los santafesinos habían ido poblando sus estancias con ganado mular que les permitía obtener ganancias en el comercio con el Alto Perú, y el ganado vacuno que se reproducía prodigiosamente era producto codiciado en las vaquerías para aprovisionarse de cuero.
    Mudar la ciudad significaba, por lo tanto, abandonar todo lo trabajado durante décadas y los frutos materiales obtenidos con el esfuerzo de hijos, padres y abuelos. También implicaba dejar lugares y paisajes a los que cada vecino estaba ligado por afectos y por vivencias de historias particulares.
    Las razones invocadas y aquellas no expresadas en el petitorio, debieron ser suficientemente fundadas para que en otro reunión los cabildantes aprobaran la propuesta de que la ciudad fuera mudada de sitio al río Grande Salado y parte allí determinada y señalada.
    El Dr. Manuel María Cervera en su "Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe" hace referencia a que la jurisdicción de Santa Fe, aunque rica por su campaña sembrada o poblada de estancias, sufrió durante treinta años, además de la lucha contra el indio, seis o siete de plagas de langosta que arruinaron los sembrados en las chacras y dos o tres pestes sucesivas que diezmaron la población, especialmente de aborígenes de los que servían los españoles para los trabajos rurales.
    El mismo Cervera también hace mención de las declaraciones que formulara el capitán Cristóbal Domínguez de Sanabria el 3 de febrero de 1662, cuando manifiesta que cuando la ciudad estaba en el sitio viejo, las tropas de carretas que a ella iban se añadían doce leguas de camino, y en ellas que pasar un río caudaloso y muchos pantanos, causa principal porque se trasladó la ciudad.
    Por su parte, el profesor Andrés Roverano se detiene en esta última referencia que muestra las inconveniencias de la localización primitiva de la ciudad con respecto a las comunicaciones en las que operaba como paso obligado en las rutas económicas del Paraguay, Tucumán y Perú. En ellas encuentra la causa determinante del traslado de la ciudad a un nuevo sitio donde pudiera cumplir satisfactoriamente con su rol de punto de encuentro de caminos y aumentar el intercambio comercial en que basaba su economía.
    A las causas enumeradas debe agregarse que, ya iniciada la mudanza, el 30 de abril de 1658 se resuelve apurarla por otra razón igualmente poderosa: a las aguas del río habían socavado la barranca ocasionando el derrumbe de algunas casas y de la iglesia parroquial de San Roque.
    En su "Historia de Santa Fe", el Dr. Leoncio Gianello sintetiza los diversos antecedentes y las causas fundamentales que conspiraban contra el progreso y la existencia misma de la ciudad en su asiento fundacional y que motivaron, en definitiva, la decisión de su trasmuta: la hostilidad del aborigen que mantenía a la población en continua inquietud, las frecuentes crecientes que carcomían las riberas de la ciudad y provocaban el derrumbe de sus edificios y, lo que también era decisivo: la desfavorable ubicación de Santa Fe para el tránsito de las carretas mediante las cuales se operaba el comercio.
    Es interesante que en 1780, 130 años después de la decisión del traslado, en una presentación ante el Virrey los Diputados de Santa Fe coinciden en estos argumentos:
    … apenas pudieron empezar [los santafesinos] a ver logrado el fruto de sus precisas incomodidades y trabajos, cuando a los cuarenta y ocho años de su primera cuna, que corresponde al año mil seiscientos veintiuno, ya se vieron en el de tomar las armas para defenderse de un impensado enemigo.
    El "impensado enemigo" al que se hace referencia es el calchaquí que se levanta contra los españoles. Desde 1620 la hostilidad de estas parcialidades, que habitaban el valle de igual nombre en territorio conformado entre el Salado y los Saladillos, había sido manifiesta y permanente. en febrero de 1625 una invasión calchaquí había asolado las estancias de Santa Fe, robando ganado y destruyendo las labranzas. Ante sus avances. En 1640 el gobernador Don Mendo de la Cueva y Benavídez determinó hacer una entrada al Valle de Calchaquí con resultados negativos:
    … quedando la nación más hostigada contra los santafesinos, cuya ruina llegó a verse ya amenazada tan por instantes que obligó al Provisor y Vicario General Don Diego de Rojas […] a determinar de acuerdo con los prelados de las cuatro religiones el consumir las formas sagradas […] cansados de sufrir tan continua hostilidad que no podían reprimir por falta de fuerzas, les obligó a pensar en mudar de aquella situación la ciudad en que habitaban.
    En 1650, el licenciado Andrés Garavito de León, Oidor y Visitador General de la Real Audiencia de La Plata, durante su estada en Santa Fe aprobó el traslado por auto del 16 de agosto de ese año. Por su parte, el Gobernador del Río de la Plata, Don Jacinto de Lariz, lo hizo por auto del 27 de setiembre de 1650. A partir de ese momento y mientras se esperaba la definitiva autorización de la Corona, se iniciaron los trabajos que, con algunas discontinuidades, habrían de darse por concluidos diez años más tarde. En la tarea trabajó todo el vecindario y un grupo de guaraníes venidos especialmente desde las misiones jesuíticas en el Paraguay.
    En la reunión capitular del 12 de abril de 1651 se dispuso el reconocimiento de la estancia de Juan de Lencinas o el sitio que fuere más propicio para mudar la ciudad y se invitó al vicario para que junto a los religiosos de la ciudad y demás vecinos presencie los trabajos de medición y marcación de las propiedades. En este acuerdo también se estableció que la traza respetaría la de la ciudad vieja y que una vez marcada la nueva planta los vecinos: puedan ir mudándose sin dificultad.
    Un hito importante en la mudanza lo señala la fecha 21 de enero de 1653, en que se encomendó al alcalde Alonso Fernández Montiel para que, acompañado de un grupo de vecinos, procediese a la tarea de medir, repartir y amojonar solares para vivienda y tierras para la labranza en lo que hasta entonces era el Rincón de la estancia de Juan de Lencinas, en el Pago de la Vera Cruz.
    La última y definitiva etapa de la trasmuta comienza en 1658 con la aceleración del ritmo de los trabajos que permite, finalmente, que el 3 de abril de 1660 el Cabildo comience a sesionar en el nuevo emplazamiento dando por oficialmente mudada a la ciudad.
    No hay en este hecho una segunda fundación como en ocasiones pretendieron algunos estudiosos del pasado. Hace mucho tiempo que los historiadores han coincidido en que Santa Fe fue fundada una sola vez, por Juan de Garay, el 15 de noviembre de 1573. Sí corresponde destacar que en su nuevo sitio la ciudad incorporó a su denominación el apelativo de la Vera Cruz, que no había tenido en su origen.
    La Real Cédula de la Reina Gobernadora, aprobando el traslado de la ciudad, demoraría todavía algunos años más y no se firmaría hasta el 6 de mayo de 1670, cuando ya se había completado el traslado del vecindario en su totalidad. Entre los considerandos que la argumentan se dice que la ciudad había sido fundada con calidad de poderse mudar o poder mejorar el sitio, siempre que conviniese y había llegado este caso, por haber cesado la fertilidad de aquel sitio y asolado el río la mayor parte de la ciudad, particularmente el año pasado de 1666, que estaba casi inundada e impedido su sustento y comercio de que resultó que los indios calchaquíes robasen y despoblasen las estancias cercanas, viendo la imposibilidad de salir en su seguimiento y hallarse los vecinos con las armas en la mano de 30 años de esta parte y temiendo que alguna venida del río no acabase de arruinar la ciudad.
    La mudanza había llevado una década de discontinuos y esforzados trabajos cuando el Cabildo y las autoridades religiosas se instalaron definitivamente en la ciudad nueva. Sin embargo, para esa fecha un grupo de vecinos todavía se resistía a abandonar el sitio primitivo. El Dr. Federico Guillermo Cervera dio a conocer un curioso petitorio que el 3 de junio de 1660 elevaron al Obispo de Buenos Aires unos 150 vecinos que solicitaban al prelado la asistencia espiritual para una población de 1500 habitantes, entre españoles, morenos e indios, que aún se mantenían en la ciudad vieja. Se trataba, como advierte Cervera, de la mayor parte de la población que todavía no había aceptado abandonar lo trabajado durante décadas para afincarse en el sitio señalado por la autoridad capitular. A pesar de esta renuncia, en los años siguientes los pobladores se establecieron en la ciudad trasladada.
    A partir de entonces comenzó una nueva historia para el sitio fundacional cuya traza urbana y tierras para chacras quedaron abandonadas por siglos hasta que en 1949 el Dr. Agustín Zapata Gollán iniciara las exploraciones que pusieron a la luz los testimonios que habían quedado de aquellos primeros ochenta años de vida de la ciudad. Hoy, el hallazgo y los trabajos del Dr. Zapata Gollán constituyen un testimonio único que permite una doble lectura: en su carácter de antecedente institucional, social y cultural de la ciudad actual; y como fuente para el conocimiento de la ciudad hispanoamericana del siglo XVII. Lo primero, es de especial interés para los santafesinos y para todos aquellos que investigan los orígenes del proceso de ordenamiento territorial emprendido por España en el área del Río de la Plata. La segunda posibilidad de lectura potencia la particular conjunción de testimonios arqueológicos e históricos, permitiendo una aproximación concreta y tangible al tejido urbano y social de una ciudad en los primeros años del poblamiento español en el Nuevo Mundo.
    Mientras tanto, en el sitio nuevo los santafesinos volvieron a abocarse a la dura tarea de construir su vida individual, familiar y colectiva. Hubo que volver a empezar todo: las casas, las huertas, las labranzas. Sin embargo, aunque no fueran conscientes de ello, traían ya la experiencia adquirida durante años de convivencia y pudieron continuar con modos de vida y costumbres que habían perfilado en el sitio viejo.

 
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BIBLIOGRAFÍA:
 
CERVERA MANUEL MARÍA. Actas del Cabildo Colonial. Santa Fe, edición oficial, 1924.
GIANELLO LEONCIO.  Historia de Santa Fe. 2a. edición. Santa Fe, Castellví, 1966.
ROVERANO ANDRÉS. Santa Fe la Vieja. Santa Fe, Ministerio de Educación y Cultura, 1960.

LUIS MARIA CALVO:

 
Arquitecto
Museólogo
Especialista en Restauración de Patrimonio Urbano y Arquitectónico.
Actividades actuales:
Director del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales, dependiente de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe
(Decreto 5226/90 del 01.10.1990)
Académico correspondiente de la Academia Nac. de la Historia, por designación del 7 / 10 / 1996.
Vocal del ICOMOS Argentina (Comité Arg. del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios)
Profesor Adjunto de la Cátedra de Historia de la Arquitectura y (por concurso) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral.
Miembro integrante, en representación de la Provincia de Santa Fe de la Delegación Asesora Técnica de la Comisión Nacional de Museos, de Monumentos y Lugares Históricos.
Libros publicados
Santa Fe la Vieja, 1573-1660. La ocupación del territorio y la determinación del espacio en una ciudad hispanoamericana.
Santa Fe, Imp. Serv-Graf, 1990. 120pp., ilus.
La Compañía de Jesús de Sta. Fe. La ocupación del territorio urbano y rural en el dominio hispánico.
Santa Fe. Ediciones Culturales Santafesinas, 1993, 160 pp., ilus.
Premios
Primer premio en el Concurso Historiográfico "Manuel M. Cervera" 1991 de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe por la obra: La Compañía de Jesús en Santa Fe: la ocupación del espacio urbano y rural durante el dominio hispánico.
Instituciones a las que pertenece
Centro de Estudios Hispanoamericanos, desde el 05.01.1981 (Miembro Fundador)
Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe, desde el 16.12.1981
Asociación Argentina de Arquitectos Restauradores, desde el 08.07.1985.
Instituto Argentino de Investigaciones en Historia de la Arquitectura y del Urbanismo.
Instituto de Investigaciones en Teoría e Historia Urbano-Arquitectónica (INTHUAR) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral.
Miembro correspondiente
Junta Provincial de Estudios Históricos de Córdoba.
Instituto de historia de la Facultad de Derechos y Ciencias Sociales de la Univ. Católica de Rosario. 
 
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Museo Etnográfico Colonial, del cual Luis María Calvo es actual Director.